¿te estoy viendo desde mi balcón al Ártico?
Señor, no pueden mentir los árboles nacidos de peinetas
ni pueden educarnos los tigres del somnífero,
salvo hoy.
Hoy sacan a pasear a las madres pequeñas
dentro de jaulas de tucán.
Hoy se susurra en la casa
el nombre del mueble para la matanza.
Señor, creo que la mujer forzuda te está mirando.
¿a mí? No, no lo creo.
(o tal vez sí)
pareces una virgen, me dice
la mujer de abrazo oceánico
la mujer de raza costalera
la mujer que come treinta hormigas al día
la mujer del pene de Treblinka
Enhorabuena. Maravillosas las cinco primeras estrofas, aunque al final se desinfle un poco. El poema está muy logrado
gracias por tu comentario, taun.
he vuelto al texto y creo que tienes razón. originariamente este poema ya presentaba un final difícil. lo modifiqué para que adoptara un final contundente, pero tus palabras y una conversación con otro colega poeta me han hecho ver que la potencia se encuentra en la estrofa anterior. así que he decidido terminar precisamente ahí el poema, donde la virgen se pronuncia.
un abrazo y de nuevo gracias.
andrés