[Destilaciones obtenidas de: La hijastra de Job. Carmen Garrido Ortiz. Premio de Poesía Andalucía Joven. Ed. Renacimiento. 1ª edicion, febrero de 2009.]
Estoy nevando.
Hora de guardia para las Furias.
La figurita desvalida fue saliendo de los pechos maternos.
Delfos sabe de lo que llaga el dolor, de lo que grita una mujer antes de haber parido un monstruo, siempre poético.
Algunos están serrando un olmo centenario para las chimeneas de su vida futura.
Alguna braga con olor a semen de posguerra, fértil y hambriento.
Alguien pone el aire acondicionado y los ojos verdes comienzan a abanicarse.
Ahora, podrías ser un lord de club inglés muy privado, muy de ajedrecistas misóginos, ésos que sólo adoran a la reina del tablero y discuten sobre la angustia.
tu cuerpo pequeñito partió metido en el reloj de pie del salón.
Por eso, un televisor, un día, amaneció muerto.
Temo que alguien me deposite como una botella y me eche al mar, sin que nadie lo sepa.
la nuca del Altísimo cae sobre el mantel, comprimida por el atroz sufrimiento de la artrosis más vieja del mundo. Los periódicos siguen llorando a las puertas del cielo.
Cuando viene la noche, los románticos propietarios de algunos coches se detienen debajo de la balconada para escuchar mis gorjeos.
Y yo pensaba en ti como en la reencarnación de Salomé, sirviendo cabezas -la mía- aquí y allá
No hay purificación en el dolor. No hay éxtasis. Es el predio de la soledad más absoluta, más íntima, más desconocida.