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te tomé yo por el asedio de viena
rondándome por los ojos el ejército germanopolaco
de tus dedos dudando de mi dieta
de repente sudando
santa alianza antiturca ofensiva
me conquistas hungría (tú sí que sabes lo que me gusta)
pero no me toques belgrado/
aún así tú dispuesto y por la fuerza
me arrebatas me fascinas sarajevo me dislocas transilvania
qué desastre de paz 1687
se me sublevan los balcanes
yo miro cómo me tocas y trato de moverme encima
eduardodesaboya debajo
pero te tengo cogido por el danubio/
pensar que me hiciste (austriahungría imprecisa)
la más perfecta imposición de lengua
ya no administrativa sino colonial/
que a algunos turcos vencidos todavía hoy
nos cuesta asentarnos en cualquier sitio

Dedos, cabezas de cerilla, una superficie de lija donde rascarlos.

Saben que llega, brincan detrás de la cerca, es el olor que recordaban, que sólo ahora reconocen.

Podría hacerlo, simplemente abrir la puerta. Pero recoge ramas y descargas eléctricas, pañuelos empapados en gasolina que huelen incansablemente.

Gamos que entran en el bosque estancado, se reúnen inquietos, el hocico atento a los labios del fuego. No tocan el agua, no la miran.

Desde el destello, desde la cerca desnuda, una mirada oblicua que tuerce la cabeza, que lentamente se hace fija frente al sol.

Su ropa fría, el uniforme del incendiario: guantes rojos pegados a la piel. Quemaduras.

Las cabras rozan por turnos la madera, frotan su cuerpo incandescente. No prende.

Coge. Los zapatos de goma sigilosa. Dos piedras amarillas.

Galerías de corrales contiguos, cercas sin límite. Plantaciones de jaulas (una red continua de invernaderos).

Rompe el plano y se abandona al caballo. Donde se para desciende, le quita la silla, lo espolea. Queda el sonido de sus cascos, las risas que se apagan contra el suelo.

Respira. Respiran. Se abre el eco.

Es de noche y son pequeños bultos. Camino recto: abre las espitas, acarrea haces de leña, recorta velas alargadas, acerca la tea a la cerca.

Un relámpago ilumina sus cuernos, el pellejo que se desprende del movimiento. Se pisan, tragan el humo de la huida. La lluvia quema a los gamos que esperan.

Amé, fui rechazado y desaparecí.
Me abandonó una mujer que, conforme se despedía, borraba mi cuerpo. Su ausencia me volvió invisible. Acudí al trabajo, donde hice las tareas de costumbre, pero nadie pudo notar mi presencia; entré sin ser visto en los lugares concurridos de siempre. Ningún familiar o conocido sufriría por perderme, porque también mi pasado se evaporó en sus recuerdos. Encontraron mi imagen en los álbumes y sólo distinguieron un fondo de vegetación indefinida. Los amigos se acercaron a mí como si atendieran a un bloque de aire.
Mi sufrimiento se apretó en una ráfaga con que tocaba a quienes me habían acompañado antes del eclipse. La soledad era pasar por debajo de aquellas ropas.
Años más tarde, quise a otra mujer. Ella retuvo el soplo del que surgieron dos brazos y piernas, unos labios pegados a los suyos. Saqué mis zapatos escondidos detrás de los arbustos, y regresé despacio a las fotografías. Y, cordiales, todos nos miramos envejecidos con naturalidad.

dividir el bosque en dos mediante una franja de tierra.

es importante que la franja sea lo suficientemente profunda.

los pájaros de uno y otro lado acudirán a las lindes y cantarán, compitiendo por el hueco.

al cabo de varios días la franja se irá llenando de sonido. y el bosque se irá llenando de silencio.

cuando los pájaros hayan ofrecido su último trino, vaciar el caudal en un viento corriente y cubrir de nuevo con árboles la franja.

si se ha hecho correctamente, se podrá incendiar el bosque con un ruido.

se ríen de mí
de mi melancolía
como ríen los muertos,

sabiendo que pueden
porque están a salvo

mediocres,
quiero vivir entre vosotros

miradme
dos brazos dos piernas
sólo vosotros comprendéis
que no es suficiente
que he de conformarme
con otro de mi talla
mi misma altura
mi mismo peso
(para poder cargar con él
si fuese necesario)

oídme,
hacedme sitio
quiero morir entre vosotros
sin haber deseado

ADVERTENCIA

las semillas de los frutos más amargos
buscarán hueco en tu garganta
para echar raíces

cuida tu dieta
amigo

agujeros

el observador se decanta por la singularidad del objeto. pero qué es la singularidad en un objeto completo.

si observamos una estructura sólida, la singularidad se buscará en lo ausente. la ausencia determina la intención de la mirada. en ocasiones la propia estructura es la singularidad: la propia estructura es su agujero. sería como plantear aquello que dice Deleuze de que el “afuera” del lenguaje es en el propio lenguaje.

si la intuición nos invita a plantear esta duda significativa, imaginemos otras estructuras: la recta matemática de números reales, por ejemplo. La recta real (real) de racionales e irracionales matemáticamente completa. digo matemáticamente, porque la demostración de su completitud se establece en base a axiomas pertenecientes a su propio lenguaje. pero qué sucede con su “afuera”. qué dice ese lenguaje acerca de su propia inconsistencia. para poder concebir la integridad de la recta real se necesita contemplar la posibilidad de una incertidumbre: se necesita el agujero.

es en esa incertidumbre donde la poesía respira hiriendo.

no es el poema, poesía. el poema es el “afuera” que puede convocar el agujero. el poema es posibilidad. Su estructura en el lenguaje puede llenarse de huecos, terrazas, pasadizos, tragaluces, invitando a entrar. o ser una presencia completa (completa-mente cerrada), donde la recta real se hace patente, sucesiva, violenta, por cuanto tiene de violación de lo posible.

como si de Alicia se tratara, un buen poema invita al agujero (y se puede, muy bien, caer hacia arriba).

decimos: éste o aquel poema es bueno. en realidad estamos diciendo: en éste o aquel poema hay poesía.

he escrito demasiadas palabras sin corazón.

acepto vivir en este mundo de palabras.

acepto que mis palabras sin corazón

digan a mis palabras sin corazón:

para ganar un corazón

es necesario ganar

una palabra.

inoperancia

- imposible escribir cuando nos han herido de semejante forma

- ¿qué nos han dicho?

- que escribimos con guantes de plástico

- ¿y qué vamos a hacer?

- operar el siguiente el poema

sublime sans interruption
Baudelaire



Es tu terreno, conoces
la técnica:
hablar con la intensidad misma
de rosas abriéndose muy despacio.

La dificultad llega
cuando se aplica la perspectiva,
cuando después de cada metáfora
sólo hay un capullo.

Los carabineros detuvieron a mis amigos,
les ataron las manos a los raíles,
me obligaron como se obliga a un extranjero
a subir a un tren y abandonar la ciudad.

Mis amigos enfermaron en el silencio,
tuvieron visiones en las cercanías de lo sagrado.

No la herida del inocente,
no la cuerda del cazador de reptiles,
en mi pensamiento la crueldad tiene nombre.

Me llamaron judío,
perro judío,
comunista judío hijo de perro.

Este no es un asunto que se pueda solucionar con tres palabras,
porque para cada uno de nosotros
esas palabras tampoco significan los mismo.

Yo he tenido un perro,
he hablado con él,
le he dado comida.

Para alguien que ha tenido un perro
la palabra perro es fiel como la palabra amigo,
hermosa como la palabra estrella,
necesaria como la palabra martillo.

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