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Archive for 24 enero 2011

Otoño, el otoño de los otoños:
La lluvia cae a cántaros a través de la luz.
El bronce se derrite y se solidifica.
La luz cambia de sitio con el bronce.

La muerte cambia de sitio con el bronce
que se derrite y se solidifica.
Los cañones se funden para hacer campanas
y las campanas para hacer cañones.

El ruido de los cañones fuera de las murallas de la ciudad.
El sonido de las campanas en la plaza.
La lluvia cae a cántaros a través de la luz.
La muerte cambia de sitio con la luz.

Espadas convertidas en arados, arados en espadas.
Cañones y campanas.
El estrépito de la guerra sobre campos negros.
El estrépito de Dios en la plaza.

La plaza, el sitio de todas las plazas.
La idea de un sitio
en otoño, el otoño de los otoños.
La muerte cambia de sitio con la idea.

La plaza está vacía. La lluvia cae a cántaros.
Los cañones se van acercando.
Las campanas se oyen ahora constantemente:
La idea de Dios. Es otoño.

Campanas en cañones. La plaza de Dios
donde está la iglesia. La lluvia muerta.
Los cañones se oyen ahora todo el tiempo.
La plaza está vacía. Es otoño.

La idea de un sitio. El sitio de Dios
está vacío. Las campanas suenan.
La muerte ha cambiado de sitio con el bronce.
La muerte ha cambiado de sitio con el sonido.

La muerte ha cambiado de sitio con la idea:
La idea de Dios, la idea de la muerte
el Dios de todos los dioses, la muerte de todas las muertes.
La muerte ha cambiado de sitio con la plaza.

Es otoño. Llueve a cántaros.


84 poemas. Henrik Nordbrandt. Ediciones Bassarai. 2005.

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Me llamaron desde un bar cercano a mi casa. El amigo común hizo las presentaciones, y todos, sonrientes, estrecharon mi mano. Los rasgos neutros y los atuendos de elegancia comedida les salvaban de cualquier identificación inmediata. No di importancia a sus rostros, porque presentí que no los usaban.
Los invité a unas infusiones y, cuando entraron en la vivienda, sus miradas registraron los objetos y las formas. Me preguntaron acerca de atriles y partituras. Sus silencios no eran de reposo, sino de acecho.
Entre sorbos de té y hierbabuena analizaban historias de países lejanos, repudiaban trabajos ficticios, y qué desagradable la nieve. Yo imaginé una colección de capuchas, el desánimo de los espejos al buscar la cara verdadera entre sus disfraces, y vi que bebían con la desesperación secreta de los que, antes del amanecer, recorren caminos para imponer la aridez.
Pasamos juntos una tarde apacible.
Poco antes de despedirnos, descubrí que uno de ellos, que con fingido despiste se había separado del resto, inspeccionaba mi habitación.
Saben que puedo ser el enemigo, nueva diana de su odio, porque duermo al lado de una niña que sueña con búhos.


Los hombres intermitentes. Francisco Javier Irazoki. Editorial Hiperión. 2006.

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En el mundo hay grandes charcos de sangre
a dónde va toda esa sangre derramada
acaso la tierra la bebe y con ella se emborracha
extraña emborrachografía
tan juiciosa… tan monótona…
No la tierra no se emborracha
la tierra no gira al revés
empuja con regularidad su cochecito de cuatro estaciones
la lluvia… la nieve…
el granizo… el buen tiempo…
nunca está borracha
apenas sí se permite de vez en cuando
algún desagradable volcán
La tierra gira
gira con sus árboles… sus jardines… sus casas…
gira con sus grandes charcos de sangre
y todas las cosas vivas giran con ella y sangran…
A la tierra todo eso
le da igual
gira y todas las cosas vivas lanzan alaridos
le da igual
gira
no deja de girar
y la sangre no deja de correr…
A dónde va toda esa sangre derramada
la sangre de los crímenes… la sangre de las guerras…
la sangre de la miseria…
y la sangre de los hombres torturados en las cárceles…
la sangre de los niños torturados tranquilamente por papá y mamá…
y la sangre de los hombres que sangran por la cabeza
en las celdas de castigo…
y la sangre del que coloca las tejas
cuando resbala y cae del tejado
Y la sangre que llega y corre a borbotones
con el recién nacido… con el nuevo hijo
la madre grita… el niño llora…
la sangre corre… la tierra gira
la tierra no deja de girar
la sangre no deja de correr
A dónde va toda esa sangre derramada
la sangre de los aporreados… de los humillados…
de los suicidas… de los fusilados… de los condenados…
y la sangre de los que mueren así… por accidente
Por la calle pasa uno que está vivo
con toda su sangre dentro
y de pronto está muerto
y toda su sangre está fuera
y los que siguen vivos hacen desaparecer la sangre
se llevan el cuerpo
pero la sangre es testaruda
y ahí donde estaba el muerto
mucho más tarde y muy negra
un poco de sangre se ve todavía…
sangre coagulada
herrumbre de la vida herrumbre de los cuerpos
sangre cuajada como la leche
como la leche cuando está cortada
como la tierra que gira
con su leche… con sus vacas…
con sus vivos… con sus muertos…
la tierra que gira con sus árboles… su gente viva… sus casas…
la tierra que gira con sus bodas…
los entierros…
los mariscos…
los regimientos…
la tierra gira y gira
con sus grandes arroyos de sangre.


Palabras. Jacques Prevért. Editorial Lumen. Barcelona. 1995.

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Federico García Lorca

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

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Se sientan en círculo
y le hablan a su lengua en otra lengua.
Son materia de interés:

la fuerza con que de niño le arrancaba
la esperanza a las moscas,

la severidad con que su madre
sumergía los pies en el café.

Estoy en otro país,
lo cual equivale a decir
que sirven las patas de gato
recién hervidas.

Superada la ligera desgracia
de sacudir algunas manos y sentarme,
cuento mi historia:

soy una prueba de vida,
mi pasaporte es el miedo.

Entonces el círculo se cierra
y todos nos sentimos como en casa.

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y escribió Don Jorge Bergua Cavero en una ocasión:

y el verso de que se sirven es normalmente el trímero yámbico (no muy diferente del pentagrama yámbico característico del drama de Shakespeare), y a veces también el tetrámetro trocaico cataléctico

el tetrámero trocaico cataléctico… el caso es que el mecánico mencionó algo parecido cuando hube de pasar la última revisión.

¡oh, alta tecnología de la palabra! a dios pongo por testigo que (si hay dios) entenderé qué se ha roto.

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tiene que ser algo sencillo, como juntar los dedos índice y pulgar para apresar, en ese espacio sin nombre, lo que se entrega. decir: “toma esta esperanza” o “toma mi consumación”, lo intangible. Guy de Maupassant lo describió con maestría cuando suspendió, por dedos espectrales, aquella delicada rosa ante el personaje de El Horla y éste, horrorizado, contempló cómo se quebraba repentinamente por el tallo. ese horror de la ofrenda me ha castigado demasiado. demasiado buey sacrificado con la boca llena de luciérnagas. he aquí que la luz ajena ilumina lo ajeno, y lo ajeno del vivir es la muerte. a estas apariciones me gustaría preguntarles qué se entrega allí, cómo son las conversaciones de los muertos.

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La nota acerca de la equivocación en “Infinitos corpúsculos” y la conclusión obtenida quedarían un tanto deshabitadas si no añado este fragmento de la obra “Introducción al psicoanálisis” de Sigmund Freud:

O. Rank ha descubierto en Shakespeare un ejemplo, aún más impresionante, de este mismo género. Hállase este ejemplo en El mercader de Venecia y en la célebre escena en la que el feliz amante debe escoger entre tres cofrecillos que Porcia le presenta. Lo mejor será copiar la breve exposición que Rank hace de este pasaje:

«Otro ejemplo de equivocación oral delicadamente motivado, utilizado con gran maestría técnica por un poeta y similar al señalado por Freud en el Wallenstein, de Schiller, nos enseña que los poetas conocen muy bien la significación y el mecanismo de esta función fallida, y suponen que también los conoce o los comprenderá el público. Este ejemplo lo hallamos en El mercader de Venecia (acto tercero, escena segunda), de Shakespeare. Porcia, obligada por la voluntad de su padre a tomar por marido a aquel de sus pretendientes que acierte a escoger una de las tres cajas que le son presentadas, ha tenido hasta el momento la fortuna de que ninguno de aquellos amadores que no le eran gratos acertase en su elección. Por fin, encuentra en Bassanio el hombre a quien entregaría gustosa su amor, y entonces teme que salga también vencido en la prueba. Quisiera decirle que, aun sucediendo así, puede estar seguro de que ella le seguirá amando, pero su juramento se lo impide. En este conflicto interior le hace decir el poeta a su afortunado pretendiente: «Quisiera reteneros aquí un mes o dos antes de que aventurarais la elección de que dependo. Podría indicaros cómo escoger con acierto. Pero si así lo hiciera sería perjura, y no lo seré jamás. Por otra parte, podéis no obtenerme, y si esto sucede, haríais arrepentirme, lo cual sería un pecado, de no haber faltado a mi juramento. ¡Mal hayan vuestros ojos! Se han hecho dueños de mi ser y lo han dividido en dos partes, de las cuales la una es vuestra y la otra es vuestra, digo mía; mas siendo mía, es vuestra, y así soy toda vuestra.»

Así, pues, aquello que Porcia quería tan sólo indicar ligeramente a Bassanio, por ser algo que en realidad debía callar en absoluto, esto es, que ya antes de la prueba le amaba y era toda suya, deja el poeta, con admirable sensibilidad psicológica, que aparezca claramente en la equivocación, y por medio de este artificio consigue calmar tanto la insoportable incertidumbre del amante como la similar tensión del público sobre el resultado de la elección.


Introducción al psicoanálisis. Sigmund Freud. Alianza Editorial. Madrid. 1997. Pag.: 34-35.

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¿Cómo clasificar a una coleccionista de hormigas? Me dije, aquí hay algo extraño. Entonces tomé el borsalino y me metí en África. El continente varía de persona a persona. Cuando el doctor Livingstone y yo entramos, tenía exactamente 59 páginas y se llamaba “Infinitos corpúsculos”.

Pocas veces entré en el blog de Rebeca Yanke, Infinitos corpúsculos, pero recuerdo que cuando lo hice nunca salía indiferente (ventajas del explorador). Uno tiene que explorar cuáles son los límites de su observación. Yo encuentro dos: el que plantea mi posición en el mundo frente al objeto de observación y el que plantea mi posición de pensamiento frente a lo que acontece. El libro “Infinitos corpúsculos” es un desafío para ambos. Estas notas no quieren servir de reseña; se escupen de la misma forma que se escriben: hacia adentro. Esther Ramón planteaba aquel juego de la relatividad: el marginal es aquel que se sitúa en el margen y por lo tanto, lejano al centro de aceptación, puede ver más lejos. Creo que Rebeca dice más lejos en poesía. Pero esto es sólo una intuición, si alguien quiere regresar de África con una reseña va a tener que trabajar a fondo.

Digamos que se burla de la métrica introduciendo un efecto deformador, extraño a la vocalización natural, empleando precisamente rima para ello, cantando, sí, una balada o una nana para desesperados. ¿Dónde hay una idea?, se escucha en su selva, ¿Quién me la vende?. Sus lecturas de filosofía cuajan, no en el sentido de erigir fortalezas de pensamiento inexpugnable, sino en otro más próximo: la amenaza. Se arriesga a definirse, se llama muerta dentro de su caja estética, su U de aclamación al cielo (con esos dos bracitos), se aconseja leer crítica literaria y posa en nosotros la virtud de definir un sujeto que se está creando a medida que se vacía. La aventura de ser una poeta que pide.

El poema que me lleva hasta el mismo corazón de África es MUSGO CATARATA, por aquel lapsus que hizo grande a Shakespeare, en “El Mercader de Venecia”, y que llevó a Freud a la sospecha de que algo no estaba funcionando correctamente en esa criatura llamada hombre.

Sí, lo más grande de este libro es la manera en que Rebeca Yanke nos recuerda que somos criaturas falibles, con una extraordinaria capacidad para la equivación. Y que aceptarlo nos hará más libres para alcanzar algún acierto. Esta imperfección -nos dice, mientras toma nuestra mano y nos acompaña fuera del continente-, es perfecta.



RISUEÑA
resuena su
minúscula
existencia


MUSGO CATARATA
posé todas mis ficciones en un muro
y se agolparon todas mis personalidades
en un recoveco del hemisferio izquierdo
recordé que soy puente,
quiero decir fuerte,
esto es, fuente

AUGE SIN TILDE
busco el alud de nieve
en el poema de boccanera,
debería servirme para algo
la red de redes, debería pescar,
cazar, usar mi boina para no
ocultarme, usar mi ojo para
encuadrar, pero si no momifico
me momifico, si no modifico
me modifico, y este edificio
se desprende, porque en los
no-lugares nunca llueve


SEWING GIRL
tienes un problema si crees que alguien
(que no seas tú) puede terminar un libro
en una noche. no seas tan ingenua, no
esperes eso de nadie, no esperes nada
de nadie, no esperes, no creas en la
esperanza, no desesperes, no te crezcas
pero crece, plántate, como un árbol,
estira tus mínimimos nimios brazos,
tus ramas no le hacen daño a nadie


ALMA DE CANTARO
bajo un despertador de lluvia
y manta prestada, como mi
cama, como mi capa,
como las ocho menos
cuarto de la mañana,
como una princesa,
sobre montañas, y
con el secreto típico
del cuento, un guisante
bien adentro. lo único
que cambian son los
personajes. no tengo
reino, y en cualquier
momento podría
estar hirviendo


IMVAGINARTE
(O VORÁGINA)
dicen que meliflua destila miel
dicen que agrupa limones entre las piernas
sin embargo la única certeza es que la herida cíclica
me mancha las manos, me arranca el ruido escondido
y me deja hueca


Infinitos corpúsculos. Rebeca Yanke. Edita Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga. Colección Puerta del Mar. Nº118. Málaga. Mayo 2010.

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Dibújame un mapa de tiempo.

Cómo, preguntas.

Cómo.

Traza los días, máscara a máscara.

Entonces tomas la pluma
y dibujas un día.
En ese día estamos juntos.

Los dos viajamos sobre una montaña de maletas.
Son los ausentes, dices.

Dibújame ausente.
Entonces el día comienza a declinar.
Suceder se hace cada vez más difícil.

Ausente.
Trazas mi rostro y soy un pastor.
Mi rebaño son las palabras sin rebaño.

Una de ellas hormiguea por mis labios.
Yo la he visto antes.
La he visto toda mi vida en un día.

Es la llave que cierra las maletas
y desde mis labios comienza a hablar.

Dibújame.

Cómo, preguntas.

Dibuja al hombre que huye con mi rostro.

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