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Archive for the ‘esther ramón’ Category

Desciende el anzuelo,
busca al gallo,
ahora esparce,
pica el grano,
no aviséis a nadie,
no gritéis,
no matéis todavía,
los niños juegan
a quemar peldaños
de madera
(tan níveas las plumas,
tan rojo el pico
y su sonido).
No hay reino capaz
de guardar sus gallos.
Un anciano se sentó
y leyó el presagio,
otro alzó de pronto
los brazos.
Vimos nidos en sus axilas,
vimos nidos blancos.



Máquina azul
que rasga
los candados,
que abre la puerta
de la casa repudiada,
que encuentra
el cuerpo tendido
de un barco sin velas,
-apartado el fémur,
despintado-,
y en el sótano
un racimo de
costureras pálidas
hilvanando
la imagen en el barro,
remendando el agua,
desbocando caballos
en la presa,
encendiendo lámparas,
corriente eléctrica
que pone en marcha
una máquina azul
que nos aplasta.


Sales. Esther Ramón. Amargord Ediciones. Portbou Colección Transatlántica. Madrid 2011.

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Hay plumas que no ascienden.
Insiste en lo que no es lecho,
insiste sobre el trono de piedra
descarnada.
Asume la forma en su peso
de aves muertas.



Boca arriba,
sobre la piedra,
ves una caja de cristal
llena de ojos.
Su flecha fija y múltiple,
clavada en tu materia.


Sales. Esther Ramón. Amargord Ediciones. Portbou Colección Transatlántica. Madrid 2011.

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Dedos, cabezas de cerilla, una superficie de lija donde rascarlos.

Saben que llega, brincan detrás de la cerca, es el olor que recordaban, que sólo ahora reconocen.

Podría hacerlo, simplemente abrir la puerta. Pero recoge ramas y descargas eléctricas, pañuelos empapados en gasolina que huelen incansablemente.

Gamos que entran en el bosque estancado, se reúnen inquietos, el hocico atento a los labios del fuego. No tocan el agua, no la miran.

Desde el destello, desde la cerca desnuda, una mirada oblicua que tuerce la cabeza, que lentamente se hace fija frente al sol.

Su ropa fría, el uniforme del incendiario: guantes rojos pegados a la piel. Quemaduras.

Las cabras rozan por turnos la madera, frotan su cuerpo incandescente. No prende.

Coge. Los zapatos de goma sigilosa. Dos piedras amarillas.

Galerías de corrales contiguos, cercas sin límite. Plantaciones de jaulas (una red continua de invernaderos).

Rompe el plano y se abandona al caballo. Donde se para desciende, le quita la silla, lo espolea. Queda el sonido de sus cascos, las risas que se apagan contra el suelo.

Respira. Respiran. Se abre el eco.

Es de noche y son pequeños bultos. Camino recto: abre las espitas, acarrea haces de leña, recorta velas alargadas, acerca la tea a la cerca.

Un relámpago ilumina sus cuernos, el pellejo que se desprende del movimiento. Se pisan, tragan el humo de la huida. La lluvia quema a los gamos que esperan.

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Había una frase de Valente que me parecía muy interesante, que decía que el poeta nunca es una fuente sino un vaso (…) Yo creo que el papel del poeta, si es que puede llamarse así, tener un papel, sería conservarse lo más limpio posible, como vaso, para que el agua llegue lo menos sucia posible. Siempre se va a ensuciar, obviamente. Pero yo creo que ese es el cometido: mantenerse lo más limpio posible para estar disponible para ese agua.

No creo en la inspiración total. Creo que la poesía parte de un trabajo de contención, como decíamos del vaso.

La lenta y un poco indeterminada bicicleta que es la poesía se apoya en dos ruedas: una sería la musical, que tiene que ver con el tiempo, y otra sería la espacial (pintura, fotografía) que tiene que ver con el espacio. La poesía es una de las pocas artes que está apoyada absolutamente en las dos.

[En relación a la actividad poética como actividad marginal]
Es buena toda actividad marginal siempre y cuando no enarbole la bandera de la marginalidad (…) cuando se enarbola una bandera se va hacia el centro. Yo creo que lo marginal es un privilegio porque en realidad te permite ir, digamos, al confín y desde el confín se ven muchas más cosas que desde el centro.

[¿Cuál crees que es el obstáculo principal al que se enfrenta un poeta en su carrera?]
Creo que el obstáculo principal es considerar la poesía como una carrera.

La poesía tiene un compromiso ético muy importante, que es la de ser verdadera (…) ser verdadera significa estar exenta de retórica, ser verdadera significa no querer alcanzar con lo poético otro estadio mucho menos humilde, la poesía debe ser pobre y humilde por excelencia (…) Un compromiso social y político tendría que ejercerlo desde otro lado, más que por el poético.

Puede visionarse la entrevista completa en el siguiente enlace.

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Abro una nueva categoría en el blog: destilaciones.

La palabra elegida tiene un sentido, del mismo modo que tiene un origen. Su sentido es el de plasmar en las entradas así categorizadas los versos más destacables de los autores que se crucen en mi camino. Su origen, rendir homenaje a los cuadernillos del taller Puertos del Barco Ebrio, coordinado por Esther Ramón. El taller me permite un acercamiento valiosísimo a las voces contemporáneas e internacionales de la poesía que, de otra manera, serían difíciles de alcanzar a tenor de mi actividad diaria.

Espero que disfruten del viaje y deseo, sinceramente, que se arrojen por la borda conmigo.

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