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Posts Tagged ‘poesía y caracol’

Toda jerarquía es un edificio endeble, con frecuencia lleno de grietas que se ocultan a la vista mediante diversos procedimientos cosméticos. Toda pirámide jerárquica tiene en la punta, en el vértice, un ángulo agudo, filoso, seco, donde se sienta -por lo general no durante mucho tiempo- el Mandamás de turno.
    Hay personas a las que les encanta dar órdenes, verso en lo alto de la pirámide imaginaria pero tan real y tangible como las egipcias, infinitamente más débil, menos firme, más tosca.
    La piedra con que se construyen los diversos y más variados modelos y monumentos evidentes del Poder es una piedra erosionable, se consume con facilidad por el paso del tiempo, por las indignidades disfrazadas de virtudes, por el hablar en voz baja y continuo de la gente: murmullos, rumores, habladurías, vientos o brisas que van y vienen sobre la superficie pétrea, que la deforman o deterioran, que acaban por descubrir, en la superficie cutánea que cubre su intimidad, el primer signo de sus fallas más hondas, de sus sarcomas venéreos.
    Los que dan órdenes acaban por caer y se disuelven.
    La piedra lenta del caracol perdura.

Poesía y caracol. Rafael Courtoisie. Biblioteca Sibila -Inéditos- y Fundación BBVA. Sevilla. 2008.

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in memoriam J.C. Onetti

Este es un cuento negro donde hasta las palabras son oscuras. El sonido de las palabras es oscuro, oscuro, tan oscuro que ni siquiera se puede escuchar si alguien pronuncia la palabra:

«luz»

    No se ve nada. Los personajes van vestidos de negro, tienen la cara pintada de negro y usan guantes de cuero negro que brillan apenas en la soledad de la noche como si fueran lagartos negros de cinco dedos, sin anillos ni nada. Todo es negro. Hasta la sombra llora, pues le tiene miedo a la oscuridad y está sola. Hasta las perlas de los collares son negras y, cuando chocan entre sí, hacen un sonido oscuro, un sonido oscuro de llanto, como de lágrimas negras.
    Las sillas parecen murciélagos, los niños piedras, las lechugas de mármol de Carrara y las frutas de ónix.
    Todo es negro, profundo y misterioso. Tan profundo, misterioso y negro que el cuento no tiene fin. Es un pozo sin principio y sin fondo, un pozo oscuro y todo es tan negro, que ni siquiera la boca abierta para decir la palabra «pozo» brilla un poco al hablar.
    Las dos «o» que hay en la palabra pozo, una «o» después de la pe y otra «o» después de la zeta, lloran como ojos abiertos, húmedos y negros, tan húmedos y negros que brillan y resbalan hacia adentro como lágrimas mellizas de un sol ciego.

Poesía y caracol. Rafael Courtoisie. Biblioteca Sibila -Inéditos- y Fundación BBVA. Sevilla. 2008.

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¿Hablar destruye el silencio? ¿La noche es la destrucción del día? ¿Qué huevo, qué embrión crece cuando no es posible? ¿Qué es un lugar? ¿Qué hay en un lugar cuando no hay nada, cuando el cuerpo que estaba lo desocupa y todos los ríos, todas las estepas, todos los juncos, las cordilleras de tiempo y las rías, los acantilados y grietas, mundos luctuosos de amor, todas las partes, las partes o elementos, acumulaciones de materia que eran ese lugar van a un sitio, precipitan, vierten, lo ocupan, se agitan, se cuecen en la palpitación, en el impulso puro de inundar y ser los mismos, pero los mismos desplazados un palmo, un paso, un milímetro?
    ¿Quién ocupa un lugar cuando no está? ¿Qué es? ¿Quién es? ¿Cómo se inclina y a dónde va la sombra cuando el cuerpo que la generaba ya no está? ¿Qué es una sombra sino la falta de un cuerpo, del cuerpo que la proyectaba?
    ¿Queda la sombra cuando el cuerpo cesa? ¿El cuerpo es una sombra viva, clara, de otro cuerpo más claro aún, casi invisible, más exacto?
    ¿Y el recuerdo? ¿Qué cosa es el recuerdo sino una sombra? ¿Dura? ¿Tibia? ¿Es una sombra lo que queda después que en un lugar algo desaparece? ¿La memoria es un cuerpo? ¿Los caminos de la memoria trazan la destrucción de un cuerpo? ¿La memoria es un cuerpo sin partes? ¿Dónde están las partes, los cuerpos que la memoria evoca, los tocados senos, las caderas, los cuerpos que ocultaba el cuerpo?
    ¿Qué es el amor, qué cosa, que vibra, enfurece o desarrolla, con movimientos rítmicos su ocaso, y va a cesar, va al reposo, va al «no», va al término y en ese punto encuentra agua radical, huesos de olvido, la sed, otra vez el movimiento?
    ¿Uñas y dientes, córneas partes de la multitud que es uno solo, uno que canta y se disipa y anda, y es uno más allá cuando en el mismo filo, cuando en el abismo nace una certeza?
    ¿Pero canta? ¿Cantará cuando no esté, cuando no exista? ¿Y si no existe, por qué canta?
    ¿Uñas y dientes? ¿Dientes? ¿Y la espera? ¿Manos y pies? ¿De pies? ¿De manos? ¿Pies y manos? ¿Atravesado? ¿Ojo por ojo? ¿Los ojos en la punta de las antenas, en los cuernos de caracol?
    ¿La carne del alma?
    ¿Así ataviado, atado o torvo, maniatado por el propio cuerpo, por la propia vida, por mi caparazón o cáscara en espiral?
    ¿Y qué debo esperar?
    ¿Tener más paciencia todavía? ¿Lenta, lentamente esperar?

    Padre, ¿por qué me has abandonado?

Poesía y caracol. Rafael Courtoisie. Biblioteca Sibila -Inéditos- y Fundación BBVA. Sevilla. 2008.

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