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Archive for 14 octubre 2010

Más tarde supe: sobra
casi todo.

Esta escritura sobrante
sobrevive como una especie
que agoniza. No sé qué lenguaje apagado
invoca. En una grieta
me asomo hasta las últimas luces
y nada veo.

Solo el desierto es consistente.

cielo partido. poemas reunidos. Arturo Borra. plaquette: zahorí, poesía en minúsculas.

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Invocar esas palabras
caídas desde azoteas que tiemblan
precipitadas con furia
de compuertas abiertas con retraso
esas que rompen
la compostura
de los rellanos               el maleficio
de las vidas a media asta.

Rebuscar más alto
más hondo
en la rama que no se alcanza
sin exiliar las palmas del suelo.

Esas palabras que sólo se revelan
cuando los pies se impacientan
junto al precipicio.

celebración del brote. poemas reunidos. Laura Giordani. plaquette: zahorí, poesía en minúsculas.

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[De una carta a John Hamilton Reynolds, jueves 18 de febrero de 1818: «Me vi llevado a esos pensamientos, mi querido Reynolds, por la belleza de la mañana, que producía una sensación de pereza: no he leído ningún libro; la mañana dijo que estaba bien; no tenía otra idea sino la de la mañana, y el tordo dijo que yo tenía razón, pareciendo decir…»]

Tú, que el viento invernal has sentido en tu rostro
y has visto entre la niebla de las nubes de la nieve
y negros olmos entre estrellas ateridas:
para ti primavera será la temporada

de cosecha; tú, cuyo solo libro es la luz
de la suprema sombra de que te alimentaste,
noche tras noche, cuando estaba ausente Febo:
para ti primavera será una triple aurora.

No te inquiete el saber: yo no tengo ninguno,
pero mi canto surge, natural, al calor;
no te inquiete el saber: yo no tengo ninguno,

y el ocaso me escucha. Aquel que se entristece
al pensar en el ocio, no debe estar ocioso,
y está despierto aquel que se cree dormido.

—-

[En el cuarto donde vivió Robert Burns]

Ese cuerpo mortal que duró tantos días
ahora llena, ¡oh Burns!, un espacio en tu cuarto,
donde soñabas solo en laureles floridos,
feliz y sin pensar en tu día del Juicio.

Mi pulso se calienta con tu misma cerveza;
mi cabeza se eleva honrando a tan gran alma;
mis ojos van errantes, y no puedo ver nada:
la fantasía está muerta y ebria en su meta.

pero puedo tocar tu suelo con mi pie,
y puedo levantar tus cristales y hallar
el prado que pisaste una y otra vez;

y pensar en ti, haciendo que ciegue el pensamiento,
y apurando de un trago un buen vaso a tu nombre:
¡sonríe entre las sombras, porque la fama es esto!

Poetas románticos ingleses. Byron, Shelley, Keats, Coleridge, Wordsworth. Editorial Planeta. Traducción José María Valverde y Leopoldo Panero. Primera edición. Barcelona. 1989.

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(…)
Más verdad sería decir que un corazón devoto consagra una guarida de ladrones que asegurar que uno vil puede convertir una guarida en templo. Acaso mi corazón no posea una potencia tan santa ni, confío de buen grado, impía. Basta con que, aunque mi forma esté ausente, mi hombre interior acuda a la iglesia con constancia, mientras que muchos, cuya presencia física colma los consabidos asientos, dejan las almas en casa.
(…)
Al cabo, la grey toda se dispersa. No: aquí vienen, con rostros brillantes como satén negro, dos damas y un caballero de azabache seguidos de cerca por el pastor, quien suavizando el semblante dedica unas palabras benévolas a cada uno. ¡Pobres almas! Para ellas, el resumen más cautivante de la dicha en el cielo es… «¡Allí seremos blancos!».

Cuentos contados dos veces. Nathaniel Hawthorne. Editorial Acantilado. Traducción Marcelo Cohen. Primera edición. Barcelona. 2007.

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