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Posts Tagged ‘tara’

Yo pertenezco a una raza de mujeres con el corazón biodegradable.
Cuando una de nosotras muere
exhiben su cadáver en los parques públicos, los niños se acercan para curiosear en su garganta de hojalata, se celebran festines con moscas y gusanos, me cae mal porque me hizo sonreír a mí, que soy tan triste.
A los treinta días exactos de su muerte el cuerpo de esta extraordinaria raza
se autodestruye, y a las puertas de vuestras casas llaman los restos del alma de las mujeres sobrenaturales,
chocan contra vuestras paredes, sus empastes y sus uñas agujerean vuestras ventanas
hasta que sangran nuestras aortas clavadas a la tierra, igual que las raíces.
Al morir nos abren el estómago, examinan con los dedos su interior, rebuscan entre las vísceras el mapa del tesoro,
sacan sus dedos negros de todos los poemas que se nos han quedado dentro con los años.

Un espectáculo.

Pertenezco a una raza desarrollada más allá de los púlpitos. Soy una de ellas porque mi corazón mancha al tomarlo entre las manos, porque coincide en tamaño con el hueco de un nicho;
fresco y dulce como el de un animal, chupad mi corazón para que, al morir, sepan que hemos estado juntos.
Soy una de ellas porque mi corazón será abono. Porque mi sangre, que es la suya, sube y baja por mi cadáver como por escaleras mecánicas;
porque el fundamento de mi carácter, al descomponerse, se incorpora a una especie salvaje
que ladra y que hiere y que te lleva a su terreno, que ignora las afrentas, que jamás se extinguirá.

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destilaciones: elena medel

[Destilaciones obtenidas de: Tara. Elena Medel. Ed. DVD. 2ª edicion, Romanyà/Valls, marzo de 2007.]


El universo medía ochenta metros cuadrados. Disponía de una cocina minúscula en la que embadurnar las tardes, su voz olía a violeta, un balcón a la avenida desde el que comprobar que ningún cuerpo desobedecía a su órbita.


bajo la lengua, una brújula apunta al suelo:
el mecanismo de la vida de mi hija me vino por correo aéreo, desmontado


igual que el viento decreta qué árboles no sirven


Ella creció con un vestido negro atado a los tobillos


En la familia de mi madre los hombres no viven más de cuarenta años. A las mujeres nos crecen las líneas de la palma de las manos, por el brazo ascienden a plagarnos el rostro, de un vistazo proclaman nuestra edad, naturaleza abierta.


Con un cuchillo
hasta catorce años
me conté


En el infierno han reservado un sofá propicio para mis hermanas. Yo estoy sentada, dormida junto a Ella, y tomo su mínima mano que sangra,
tomo su mínima mano con fuerza hasta que escucho quebrársele el dedo anular, pero el dolor lo siento yo, junto a ella


nos pasa cuando vamos al campo y nuestros padres se alejan en el coche, mareando los párpados al aire.


Hay mujeres bilingües sólo ante los desconocidos.


Rut hiere cuando habla, convierte las heridas en valles que repoblar


Tus zapatos son mágicos, me dijo.Pierde uno y ganarás un marido. Vende dos y ante ti se revolverán las semillas de tu reino.


Cuándo aprenderás a no mostrarme álbumes de fotos con gente a la que has sobrevivido.


Sus palabras bailarán en mi cabeza, hibernarán en una estantería y las calentaré cuando las necesite


rezo para que tu descanso siempre eluda la paz


y mis ojos
resbalan en mis manos
húmedos
como el pez del invierno


La noche de tu muerte
Dios acribillaba a gargajos el cristal de mi ventana.


Mi corazón perverso se ha calmado

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