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Posts Tagged ‘hasier larretxea’

hace unos meses Hasier Larretxea me recomendaba la lectura de algunos títulos de poesía. en aquella ocasión se centró especialmente en Francisco Javier Irazoki y su libro Los hombres intermitentes. Irazoki construye, empleando el título de su obra, a un sujeto de la infancia: el hombre no es sino un conjunto intermitente de recuerdos intensos, cuyo discurso le ofrece, en el tiempo, una ficticia continuidad. Este sujeto no puede elegir un bando en un momento tan delicado como la preparación y ejecución de la transición española, entre País Vasco y Navarra. Este sujeto trata de entender, recordando: su posición en ese “paraíso”, en palabras de Fernando Aramburu, le otorga una inocencia indispensable para poder traducir en la palabra poética una realidad despojada de moral.

Pero no lanzo estas líneas para abordar la obra de Irazoki, sino para dar cuenta de un impulso. El segundo poema del libro, Palabra de árbol, me recordó como un fulgor otro texto impactante de Manuel Altolaguirre, Mi hijo muerto. Transformaciones. En un nuevo ejercicio de ficción necesaria se establece una continuidad en lo intermitente. En el escrito de Irazoki la vida que no comienza, el hermano fallecido en el vientre materno, encuentra su posibilidad en la higuera donde es enterrado el cuerpo. El propio hermano que saborea sus frutos tratando de descubrir la lengua fraternal, adquiere misterios que sobreviven el fenómeno de lo perdido. Su hermano muerto se comunica con él por el sabor de los frutos.

Transformaciones. La continuidad que expresa Altolaguirre se encuentra en el sujeto que recuerda. El hijo muerto del poeta es enterrado y el proceso natural de descomposición lleva a la dispersión de la vida. La vida, por tanto, se encuentra en todas partes, pero su pura disgregación la debilita. En este seno estéril / quisieras desnacerte. El padre en este caso habla con su hijo a través de su recuerdo. Sólo él puede reunir de nuevo lo disperso, dar continuidad a lo perdido. concentrar la vida, contra la irremediable huida de la unidad.


Palabra de árbol

No conocí al que murió en el vientre de mi madre. La abuela lo recogió, dijo que era grande como un guía y lo puso en el hoyo que el padre había cavado entre las raíces de mi higuera preferida.
Yo pasaba las tardes enteras bajo el gris áspero de las hojas del árbol, esperando que naciesen los higos. Cogía al fin el fruto blando y tocaba su piel negra que después deshacía en tiras. Cada hilo era una puerta para adentrarme en mi hermano muerto y lo paladeaba al ritmo lento de un viajero antiguo. Luego rompía con los dientes las semillas menudas del interior. Ellas contenían palabras, voces que subieron por la savia de la higuera.
Los otros niños crecieron descubriendo aventuras. Para mí, crecer fue sentir el paso del tiempo al escuchar los mensajes que un muerto me enviaba desde sus frutos.
Alguien quiso una ceremonia devota en aquel lugar. De la cartera de mi ojo derecho saqué una lágrima inmóvil. Una lágrima petrificada que se transformó en blasfemia de fuego cuando la deposité en la escudilla situada a los pies de los ídolos.

(Los hombres intermitentes. Francisco Javier Irazoki. Editorial Hiperión. Madrid, 2006. Pag. 28)


Mi hijo muerto

Aquella intimidad,
aquel silencio,
cuando todo era amor
sin libertad posible,
cuando te confundías con su carne
en caricia total y prolongada,
existen en la muerte
ahora que te confundes con la tierra.

Este silencio íntimo
en otra nueva madre,
que no te dará al frío
ni a la luz de la vida,
será más prolongado,
no terminará nunca.

En este seno estéril
quisieras desnacerte,
reintegrarte a los ríos,
volver a ser mi sangre.
Te veo a ti,
huyendo disgregado
en todas direcciones.
Huyes de tu unidad.
Sólo yo te concentro.

(Poesías completas. Manuel Altolaguirre. Editorial Cátedra. Madrid, 1999. Pag. 221)

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Una cosa no quita la otra.
No un clavo otro, no
el vino la tristeza, no las palabras
el olvido, no el tiempo el dolor.

Uno no quita el otro.
No lo conseguido lo soñado, no
lo aprendido equivocarse,
no el éxito la preocupación.

Uno no quita el otro.
No los libros el hambre, no
el agua la escasez de sed,
no mi verdad la tuya.


Título original: Batak ez du bestea kentzen. Poemario Batak ez du bestea kentzen, Gerardo Markuleta, ed. Alberdania, año 2003, pag. 73. Traducción: Hasier Larretxea.

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en el reino de lo infinitesimal gobiernan otras fuerzas distintas a la gravedad.

en el gravedad de los números reina pi, porque su descendencia no encuentra orden.

en el orden de lo poético no quiere reinar nadie

¿quién querría reinar lo ingobernable?

cuatro mirillas por donde observar la tierra que no tiene rey:


bárbara butragueño
giovanni collazos
hasier larretxea
andrés gonzález



será en los diablos azules, c/apodaca 6, madrid

el viernes 16 de octubre de 2009 – 20:00h.

presentará el acto batania.

os esperamos.

recitaldiablosazules_091016

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