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Archive for 11 abril 2012

6

Reno macho al sol.
Las moscas cosen, cosen
la sombra al suelo.


11

Me ve la muerte:
problema de ajedrez.
Ya lo ha resuelto.


25

Zumba la lluvia.
Yo susurro un secreto
para entrar allí.


El cielo a medio hacer. Tomas Tranströmer. Nórdica libros. Colección Letras Nördicas. Traducción de Roberto Mascaró. 2011. Salamanca.

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Noche de diciembre ’72

Aquí vengo yo, el hombre invisible, quizá al servicio
de una gran Memoria para vivir ahora. Y yo paso de largo

ante la clausurada iglesia blanca -allí dentro hay un santo
        de madera
sonriente, indefenso como si le hubiesen quitado las gafas.

Está solo. Todo lo demás es ahora, ahora, ahora. La fuerza
        de gravedad que nos oprime
hacia el trabajo diurno y la cama en la noche. La guerra.


De marzo del ’79

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras,
        pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.


Arcos románicos

Dentro de la enorme iglesia románica se apiñaban los
        turistas en la penumbra.
Bóveda abierta tras bóveda y sin vista de conjunto.
Algunas llamas de cirios aleteaban.
Un ángel sin rostro me abrazó
y susurró por todo el cuerpo:
«¡No te avergüences de ser hombre, sé altivo!
Dentro de ti se abre, interminablemente, bóveda tras bóveda.
Nunca estarás completo, y así ha de ser.»
Me cegaron las lágrimas,
fui empujado a la piazza que hervía bajo el sol
junto con Mr. y Mrs. Jones, el Señor Tanaka y la Signora
        Sabatini
y dentro de todos ellos se abría bóveda tras bóveda,
        interminablemente.


El cielo a medio hacer. Tomas Tranströmer. Nórdica libros. Colección Letras Nördicas. Traducción de Roberto Mascaró. 2011. Salamanca.

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Una noche de invierno

La tormenta posa su boca en la casa
    y sopla, buscando el tono.
Yo duermo inquieto, doy vueltas, leo
    a ojos cerrados el texto de la tormenta.

Mas grandes son los ojos del niño en la penumbra
    y la tormenta gime para el niño.
Ambos gustan de lámparas que oscilan.
    Ambos están a mitad de camino al lenguaje.

La tormenta con manos y alas infantiles.
    Se desboca la caravana a Laponia.
Y la casa siente la constelación de clavos
    que mantiene unidas las paredes.

La noche está calma sobre nuestro piso
    (donde todos los pasos que han resonado
descansan como hojas caídas al estanque)
    ¡pero afuera la noche está salvaje!

Sobre el mundo anda una tormenta más seria.
    Pone su boca sobre nuestra alma
y sopla, buscando el tono. Tememos
    que la tormenta sople hasta vaciarnos.


Lisboa

En el barrio de Alfama cantaban los tranvías amarillos en
        las subidas.
Había allí dos cárceles. Una para los ladrones.
Saludaban a través de las rejas.
¡Pedían que les tomaran fotos!

«Pero aquí» dijo el conductor, riendo como un ser dividido
«aquí están los políticos». Vi fachadas, fachadas, fachadas
y muy alto, en una ventana, un hombre
que con prismáticos miraba el mar.

La ropa colgaba en lo azul. Calientes, los muros.
Las moscas leían cartas microscópicas.
Seis años después pregunté a una señora en Lisboa:
«¿Esto paso realmente, o acaso lo he soñado?».


Sobre la historia (V)

En el baldío, no lejos de las casas
hay un diario lleno de hechos olvidados hace meses.
Se envejece a través de las noches y días a la lluvia y al sol,
va volviéndose planta, una col, va uniéndose al suelo.
Así como, lentamente, un recuerdo se transforma en ti mismo.


El cielo a medio hacer. Tomas Tranströmer. Nórdica libros. Colección Letras Nördicas. Traducción de Roberto Mascaró. 2011. Salamanca.

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Meditación agitada

Una tormenta hace girar las aspas del molino
que salvajemente, en la oscuridad de la noche, muele la nada.
         Las mismas leyes te mantienen despierto.
La panza del tiburón gris es tu débil lámpara.

Recuerdos difusos se hunden en la profundidad del mar
y allí se petrifican junto a extrañas columnas. Verde
         de algas está tu muleta. Quien
se va hacia la mar regresa rígido.


Vías

Dos de la madrugada: claro de luna. El tren se ha detenido
en plena llanura. Allá lejos los puntos luminosos de
         una ciudad,
brillando fríos en el horizonte.

Como cuando una persona ha entrado tan profundamente
         en un sueño
que jamás recordará que estuvo allí
una vez que vuelva a su habitación.

Y como cuando alguien ha entrado tan hondo en una
         enfermedad
que todo lo que fueron sus días se vuelven unos puntos
         centelleantes, un enjambre
frío y escaso sobre el horizonte.

El tren está absolutamente quieto.
Son las dos: fuerte claro de luna, pocas estrellas.


La pareja

Apagan la lámpara y la pantalla blanca relumbra
un instante antes de desaparecer
como una pastilla en un vaso de oscuridad. Luego sube.
Las paredes del hotel brotan en la oscuridad del cielo.

Los movimientos del amor han amainado y ellos duermen
pero sus más secretos pensamientos se encuentran
como se encuentran dos colores, fundiéndose uno en el otro,
en el papel mojado de una pintura escolar.

Oscuridad y calma. Pero la ciudad se ha acercado
esta noche. Con ventanas a oscuras. Las casas han venido.
Muy cerca, en apretada espera están,
muchedumbre de rostros inexpresivos.


El cielo a medio hacer. Tomas Tranströmer. Nórdica libros. Colección Letras Nördicas. Traducción de Roberto Mascaró. 2011. Salamanca.

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– Es el momento de escribir.

– ¿Cómo lo sabes?

– Lo sé porque lo estoy evitando a toda costa.


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