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Archive for 6 septiembre 2010

I

And then there was St Kevin and the blackbird.
The saint is kneeling, arms stretched out, inside
His cell, but the cell is narrow, so

One turned-up palm is out the window, stiff
As a crossbeam, when a blackbird lands
And lays in it and settles down to nest.

Kevin feels the warm eggs, the small breast, the tucked
Neat head and claws and, finding himself linked
Into the network of eternal life,

Is moved to pity: now he must hold his hand
Like a branch out in the sun and rain for weeks
Until the young are hatched and fledged and flown.

II

And since the whole thing’s imagined anyhow,
Imagine being Kevin. Which is he?
Self-forgetful or in agony all the time

From the neck on out down through his hurting fore-arms?
Are his fingers sleeping? Does he still feel his knees?
Or has the shut-eyed blank of underearth

Crept up through him? Is there distance in his head?
Alone and mirrored clear in love’s deep river,
«To labour and not to seek reward», he prays,

A prayer his body makes entirely
For he has forgotten self, forgotten bird
And on the riverbank forgotten the river’s name.

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los licores

los licores han decantado mi suerte
para elegir siempre la palabra incorrecta.

cuando he deseado abrazar el amor,
han germinado como flores putrefactas en un oído,
buscando tímpanos de sol en el otro.

he dejado de escuchar, al cabo,
lo que el amor tenía que decir.

cuando una reflexión ha acontecido
con una lucidez infernal, los licores han asediado
mis retinas murmurando el galope frenético
de una orquídea.

he dejado de ver, sin embargo,
aquello que el pensamiento desnudaba.

sabios licores, adonde me esperáis
no puedo ir yo, ni con todos mis toros
ni mis gacelas.

os amo por los amores mudos
y las creaciones ciegas
que vendrán.

en ese tiempo de vuestra propiedad
me tumbo
para dormir el sueño impropio.

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I

Con pequeñas palabras
se dice una vida pequeña.

II

Quisiera que esas voces se callaran
y que todo fuera algo menos deprisa,
sin fuerza ni demoras:

puedo guardar entre mis palabras,
con bastante paciencia,
si no a la durmiente misma
o a la tierra en sus caminos,
al menos un poco de luz
que hicieron subir para mí,
porque la luz es más fiel
a las palabras que a los bosques.

III

Todo se aleja y a tanta distancia,
¿o es que soy yo el que os abandono
sin que parezca dar un paso?
Cerca sólo están los enemigos,
cada vez más cerca a medida
que las cosas pierden su peso.

IV

A quienes vivís en este sitio,
vestidos de colores,
de palabras, deseos,
vuelvo a veros bajo tierra
sentados como estatuas
que erosiona un viento atroz.

V

¿Y la mujer, los amigos,
el vino que brilla a la luz de las velas,
el dulce sol de invierno,
esta piedra, recuerdo
de los acantilados de la Mancha?

Así brillan los pájaros en torno
a las campanas, y luego
la sombra entierra hasta sus gritos.

El ignorante. Poemas 1952-1956. Philippe Jaccottet. Editorial Pre-Textos. Colección La Cruz del Sur. Traducción Rafael-José Díaz. Valencia. 2006.

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sueños

tengo veinte años. trabajo en una sastrería donde se disecan trajes de nazareno. un hombre sin cabeza entra en la tienda. de no sé qué parte de su cuerpo se emite una voz que solicita el retal. me giro para buscar el producto y en el mismo momento en que pierdo de vista al hombre, olvido el pedido.

tengo cuarenta años. me siento profundamente humillado al ser incapaz de recordar el retal solicitado. trato de recordar el rostro, pero el rostro no tiene rostro. así que vuelvo mi vista y se hace evidente que el hombre sin cabeza carece de cabeza. por todo lo cual recuerdo el pedido, pero no sé quién soy.

tengo diez años. mi padre está llorando ante un hombre sin cabeza. mis ojos aprenden el oficio, se tumban sobre una sábana de alfileres y cosen el dolor.

tengo sesenta años. me giro y uno de los mil cajoncitos de retales se agita. a su alrededor, una bandada de pájaros duerme custodiando el contenido. parecen cansados, como si hubiesen completado un largo viaje. mientras acerco la mano al cajoncito el pájaro guía despierta, provocando que el resto de la bandada abandone el sueño. me miran fijamente. el hombre sin cabeza también me mira fijamente.

tengo treinta años. mi hijo acaba de nacer. tomo el único alfiler que ya no me hará daño y le coso en la boca una palabra.

tengo un año. mi madre me cose una palabra en la boca. la única palabra que no puedo pronunciar.

tengo noventa años. mi hijo le está estrechando la mano a un hombre sin cabeza. tengo el retal en la mano. discuto con los otros trajes todos los detalles de mi venganza.

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